Acabo de pasar media hora de mi vida entre un montón de gente para poder subirme a un bus de transmilenio. Esta vez la suerte estuvo conmigo. Unas 50 personas se amontonan frente a cada una de las puertas esperando que pase una ruta que les sirva mientras de forma casi burlesca por la avenida desfilan articulados vacíos con letrero "en tránsito". Cuando por fin aparece el anhelado bus la gente transformada por la ira y el miedo a llegar tarde, de antemano saben que van tarde, hacen uso de su instinto y de la violencia para poder abordar un bus que por sobre cupo a duras penas puede cerrar las puertas. Y esto es casi una fotocopia en todas y cada una de las estaciones del servicio que debería ser publico llamado Transmilenio de Bogotá.
En los últimos días se han presentado algunas protestas porque la gente no tolera este servicio degradante y diseñado a las patadas y con preocupación y profunda tristeza oigo comentarios negativos hacía las protestas, desafortunadamente hasta en estos temas el pueblo está contra el pueblo. Es más fácil ponerse contra la gente que contra un sistema que es propiedad de unos pocos y cuya única finalidad es el lucro de unas cuantas familias. La verdad es que transmilenio se quedó chiquito, nunca se adaptó, no tiene planes de contingencia y a lo único que recurre es a poner uno que otro bus, que siempre va en tránsito, al reparcheo de las vías y a llamar al Smad cada vez que la gente reclama.
Este es el pobre panorama del día a día de dos millones de trabajadores de la capital que pasan casi cuatro horas diarias en este inmundo sistema y que le dejan a diario unos 7mil millones de pesos a una compañía privada que no hace mas que humillarlos y pisotearlos con un servicio precario.
Nota: pongamos también un poco de nuestra parte y apostemos a la convivencia y la cultura ciudadana, si no hay un cambio personal, difícilmente lograremos uno a gran escala.
Camilo J.
Escrito desde el calor de un bus biarticulado rodeado de más 200 compatriotas.
14 Febrero de 2014
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