5 Diciembre de 2017
Es una pregunta compleja que parece no tener respuesta. Luego de más de cinco décadas de conflicto armado y unos cuantos intentos fallidos por lograr la paz, en 2016 se logró un acuerdo con la guerrilla de las FARC, la más antigua del mundo.
Todo empezó con el pie izquierdo pues en el plebiscito en el que el pueblo debería haber validado lo pactado, pasó algo insólito en la historia mundial, los colombianos votaron en contra de los acuerdos. Luego de unos cambios de forma, los acuerdos se ratificaron a través del Congreso, a la brava.
Y a partir de ahí lo más concreto que se logró fue un Nobel de Paz para Juan Manuel Santos. Y aunque los resultados del proceso saltan a la vista, pues los secuestros, masacres, asesinatos y demás crímenes asociados a la guerra han disminuido notablemente, aún falta demasiado por hacer, pero lo relamente grave es que no parece haber voluntad política para seguir cumpliendo lo acordado.
Puntos claves como la jurisdicción especial para la paz (JEP) y la participación de los exguerrilleros en política se han convertido en dolores de cabeza para el gobierno que ya no tiene más gasolina ni dinero para comprar los votos que sigan impulsando la implementación de lo acordado.
El acuerdo de paz, que ya cumplió un año, es ahora un caballo de batalla usado en las elecciones presidenciales. Unos aseguran ser los abanderados para continuar con la paz, y otros juran ser los encargados de modificar los acuerdos por algo más justo.
Aunque ya somos un país sin una guerra declarada, aún falta mucho por hacer, las victimas aún no han sido reparadas, Colombia aún no entiende que los victimarios también son colombianos y ahora estamos todos del mismo lado, los antiguos mandos guerrilleros a veces se extralimitan en declaraciones y exigencias, la extrema derecha no tolera haberse quedado sin discurso electoral y el gobierno ya no tiene más de donde echar mano para seguir moviendo la maquinaria pro-paz, el país parece estar recien levantado y sin saber qué hacer. La paz es un chicharrón hirviendo que no sabemos como manejar.
Esperemos que lo que se ha hecho no se borre y que lo pactado se cumpla, que sigamos mejorando y que todos pongamos de nuestra parte en la construcción de un nuevo país que ahora empieza a ver otros problemas que nos han aquejado siempre y que estuvieron escondidos a la sombra de la guerra. Ojalá el nuevo año venga con mejores cosas para este acuerdo que nos está ahorrando litros y litros de sangre derramada.
Camilo J.
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