El terrorismo en Colombia no es nuevo, pero al menos hace 30 años se sabía quién estaba detrás de los carros bombas y atentados que hacían temblar al país, en lo tiempos de Pablito se sabía exactamente quién ponía las bombas, quién tumbaba los aviones y quién mataba a los personajes públicos. Después las FARC tomaron la batuta y junto con las AUC daban nombre a las masacres, los secuestros, las bombas y demás ataques, Colombia tenía un enemigo público y la diferencia entre bien y mal estaba más o menos clara.
Hoy, 3 décadas después ya no está Pablito,ya no hay FARC ni AUC, sin embargo lo que sí hay es un asesinato sistemático de líderes sociales, en menos de un mes la cuenta va por una decena, nadie dice nada, nadie ha visto nada, no hay un responsable claro. Ahora una camioneta bomba estalla en pleno corazón de la Policía Nacional, un atentado de una magnitud que no se veía hace muchos años en Bogotá, nadie lo esperaba, nadie se dio cuenta y nadie formalmente se atribuye los hechos. El Estado en tiempo récord salió a decir que era el ELN, el grupo guerrillero más grande que sobrevive en Colombia, sin embargo según El Tiempo, no son más de dos millares de militantes, muy pocos si se comparan con los casi 10mil de las FARC, sin embargo, según la Fiscalía esos pocos hombres tuvieron la logística y capacidad operativa para poner 80 kg de pentonita en una camioneta, pasearla por toda la capital y meterla en unas de las escuelas de cadetes más importantes de la mismísima Policía de Colombia.
El resultado es una pena para un país que acaba de firmar un acuerdo de paz, 21 muertos y decenas de heridos no son más que una pequeña muestra de un país que sigue desangrándose en los campos, en los municipios y ahora hasta en las grandes ciudades, la paz es débil porque después de 500 años de sangre y guerra la sociedad colombiana no parece estar lista para lo que significa vivir en paz. Gobernantes y terratenientes que viven de las armas y del sufrimiento ajeno se niegan a aceptar un tratado, vituperan y claman que la paz no es el camino, que la mano fuerte es la solución, por otro lado, pequeños grupos alzados en armas se aprovechan del desorden y de la falta de capacidad de reacción del Estado, la actual situación económica y social del país es un caldo de cultivo para la violencia a pequeña escala que empieza a crecer nuevamente.
¿Y la sociedad civil? Atrapada, atrapada sin saber qué hacer y cómo reaccionar, no sabe quién es quién, se desconfía del Estado, de los grupos guerrilleros, de las bandas criminales, del aparato judicial, del aparato policial, del mismo ejercito, de todo el mundo, porque ya no se sabe quién es el bueno y quién es el malo, la sociedad vive en zozobra y con miedo de todos y todo. Colombia no parece mejorar y el estallido de una nueva bomba es un llamado más a despertar y a tomar una posición más contundente, a demostrar un repudio total a toda forma de violencia, hacías los policías, hacía los estudiantes, hacía los lideres sociales, hacía los indígenas, etc. Colombia necesita de una vez y por toda cerrar los oídos a tanta voz necia y abrir los ojos a la historia y a la realidad que parece repetirse una vez más.
Camilo J.
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